¡¿Cuantos más idiomas, más fácil?!

Cuantos más idiomas hablas, más fácil te resulta aprender uno nuevo
¿Te acuerdas de tu primer idioma extranjero y de cuánto tardaste en poder decir una frase y entender el idioma hasta cierto nivel?
Yo todavía recuerdo perfectamente lo que me costó aprender inglés. Fue un proceso largo y laborioso hasta que entendí aunque fuera un poco del idioma. Algo más tarde aprendí francés, y con este idioma también tardé muchísimo en poder decir una sola frase y en acostumbrarme a las nuevas estructuras. Después del francés aprendí español. Esta vez fue rápido: desde el principio ya entendía algunas palabras y en pocos meses era capaz de comunicarme. Cuando, en los años siguientes, aprendí italiano y portugués, todo fue todavía más rápido. Desde el primer momento entendía muchas palabras. El portugués, de hecho, lo entendía tan bien desde el principio que podía leer y comprender textos enteros sin haber estudiado nunca el idioma. Así que, cuantos más idiomas hablas, más fácil es aprender uno nuevo.
Pero ¿por qué ocurre esto?
Para encontrar la explicación, hagamos un pequeño repaso a la historia de las lenguas. Las lenguas no son algo que alguien construyó en su día con unas estructuras fijas. Evolucionan constantemente, se mezclan con otras lenguas y dialectos o, con el tiempo, pueden llegar a desaparecer por completo. Muchas de las lenguas que aún se hablan hoy en Europa tienen detrás una larga historia de transformaciones. Aun así, todas se remontan a una lengua original común: el protoindoeuropeo, que tiene varios miles de años. De esta lengua madre surgió la familia de lenguas indoeuropeas, que tiene muchas subfamilias, todas ellas descendientes de esa misma lengua ancestral y transformadas con el paso del tiempo. Entre ellas están la familia germánica, a la que pertenecen el alemán y el inglés; las lenguas eslavas, como el ruso; las lenguas bálticas, como el lituano y el letón; y algunas otras lenguas, como el albanés o el griego. Como muchas de las lenguas que hoy tienen alcance mundial pertenecen a la familia indoeuropea y, por tanto, tienen un origen común, aprender más de una de ellas tiene sus ventajas. De hecho, estas lenguas comparten varias similitudes, y las que pertenecen a la misma familia, todavía más.
Las lenguas romances, por ejemplo, proceden todas del latín. En la Antigüedad, Roma ejercía una gran influencia en todo el Mediterráneo, y el latín, la lengua que se hablaba en Roma, se extendió rápidamente. Con el tiempo, el latín se mezcló con los dialectos de los distintos territorios, y de ahí nacieron las lenguas romances. El latín es, por tanto, una lengua muerta, pero sigue vivo en las lenguas romances. Por eso el francés, el italiano, el español y el portugués se parecen tanto y han adoptado muchas estructuras y palabras del latín. Estas similitudes pueden ser tan grandes que, por ejemplo, quien ya habla francés conoce de antemano el 50 % del vocabulario básico del italiano. Además, algunas estructuras gramaticales son muy parecidas entre las lenguas de una misma familia, y muchas reglas se pueden trasladar de una a otra.
Sin duda, estas similitudes entre dos lenguas nos benefician, y si sabemos que existen, podemos trasladar las palabras de forma aún más consciente. Pero todo lo bueno tiene su lado negativo. Estas similitudes también pueden hacer que mezclemos dos idiomas. Muchas palabras no son idénticas de un idioma a otro, sino muy parecidas, con un pequeño cambio, como un par de letras distintas.
Por ejemplo, la palabra «mundo» es «mondo» en italiano, «mundo» en español y en portugués, y «monde» en francés. Como son tan parecidas, se entienden todas aunque solo hables una de esas lenguas. Pero si alguien que ya habla español quiere aprender italiano, por ejemplo, es muy posible que traslade la palabra española «mundo» al italiano. Este fenómeno suele producirse de forma inconsciente y entorpece el aprendizaje. Lo positivo es que, cuanto mejor hablas los idiomas, mejor los distingues. Así que estas traducciones erróneas son, sobre todo, errores de principiante. Y no tienen nada de malo, porque demuestran que hablas más de un idioma, lo cual es algo positivo. Eso sí, estos errores se cometen siempre y no se pueden evitar, pero la próxima vez que cometas uno, sabrás que la explicación está en la historia de las lenguas.
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