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Cómo impulsar tu aprendizaje de idiomas con la repetición espaciada

Nos encantaría poder retener toda la información a la primera, pero todos sabemos que, en la mayoría de los casos, no es así. Por eso, en este artículo vamos a explorar cómo funciona la memoria humana y qué relación tiene con el aprendizaje de idiomas. Por su importancia para la memoria y el aprendizaje, el concepto de «aprendizaje espaciado» tendrá un papel central. El aprendizaje espaciado es una técnica que se basa en repetir lo aprendido un número suficiente de veces, espaciando los repasos en el tiempo, para memorizarlo. Repetir varias veces los mismos conocimientos nos ayuda a trasladar lo nuevo de la memoria a corto plazo a la memoria a largo plazo. Si usamos a nuestro favor la forma en que retenemos la información, podemos sacar el máximo partido a nuestro aprendizaje.

Al hablar de retener conocimientos, hay que fijarse primero en el lugar donde se memorizan. El cerebro humano, además de vital, es una de las creaciones más fascinantes que existen. Cualquier daño en el cerebro repercute en todo el cuerpo. La publicidad pregona las ventajas de ciertos alimentos o suplementos para mejorar la memoria. Además, hay quien lleva la capacidad de su cerebro al límite, por ejemplo, compitiendo en campeonatos de memoria. El ser humano es una criatura que recopila información. Los bebés, por ejemplo, lo absorben todo. Desde el nacimiento hasta los seis años, el cerebro de un niño funciona de forma muy distinta al de un adulto. Los bebés absorben cantidades enormes de datos de su entorno. Pero la capacidad de almacenar información nueva la conservamos hasta la vejez. Además, podemos aprovechar todo lo que aprendemos sobre nosotros mismos para almacenar datos de forma más eficiente.

Con «memoria a corto plazo» nos referimos al simple almacenamiento temporal de datos. Ahí, nuestro cerebro empieza a clasificar la información como necesaria o no; la necesaria se somete después a una revisión y, tras ella, la guardamos en la memoria a largo plazo. Podemos ampliar este modelo sencillo con la memoria de trabajo, que almacena y manipula información de forma temporal. La memoria de trabajo funciona como un sistema que nos permite llevar a cabo actividades complejas como pensar, aprender y comprender. Con ella podemos recuperar y utilizar datos de la memoria a largo plazo. Además, nos puede ayudar a conservar cierta información durante periodos prolongados.

Este concepto se puede trasladar muy bien al aprendizaje de idiomas. Si repasamos las palabras a ciertos intervalos (al cabo de unos minutos, unas horas o unos días), podemos llevarlas a la memoria a largo plazo. Con distintos ejercicios que nos obligan a recordar el aspecto de una palabra, el orden de sus letras y su sonido, podemos acelerar su paso a la memoria a largo plazo. También nos ayuda poner a prueba nuestra memoria de trabajo con distintos cuestionarios y exámenes. Así le indicamos al cerebro qué palabras son importantes. La profundidad con la que trabajamos las palabras desconocidas influye mucho en la rapidez con la que clasificamos una palabra como esencial y, por tanto, en que la retengamos a largo plazo. Por ejemplo, puede ser una gran ventaja no solo escribir y oír una palabra nueva, sino también pronunciarla nosotros mismos.

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‍‍Aunque cada cerebro funciona de una manera, hay patrones comunes que podemos aprovechar para entender mejor el cerebro humano. A la hora de averiguar con qué frecuencia debemos repasar una palabra nueva, nos parecemos muchísimo. Por ejemplo, hemos comprobado que lo más eficaz es preguntar por una palabra justo antes de olvidarla. En ese momento aún conservamos un recuerdo vago, pero real, de ella. Por eso, si una palabra se nos resiste, conviene volver a repasarla al cabo de unos minutos, si es posible. Las palabras que nos resultan más fáciles, en cambio, basta con repasarlas al cabo de unas horas o incluso de unos días. Si después de pasar varios días haciendo otras cosas todavía recordamos una palabra, podemos dar por hecho que nuestro cerebro la ha guardado de forma fiable en la memoria a largo plazo.

Algunas palabras, sobre todo cuando el cerebro no consigue asociarlas con otros conocimientos, tardan más en llegar ahí. En esos casos, no debemos perder la paciencia aunque haga falta repasarlas muchas veces. Lo normal es que nos cueste más, y no hay que machacarse por ello. Además, hemos visto que cuantas más sílabas tiene una palabra, más difícil nos resulta recordarla. Así que hay que tener paciencia, sobre todo con las palabras de muchas sílabas. Si una palabra se resiste a quedarse en la memoria, podemos tender puentes mentales de forma activa y recordarla gracias a una asociación artificial. Podemos usar cosas que suenen parecido a la palabra o formar una frase que la sitúe en un contexto que tenga sentido para nosotros.

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Ahora bien, encontrar el orden ideal en el que repasar las palabras es difícil. Tendríamos que clasificar cada palabra a mano aplicando todo lo que hemos aprendido sobre nuestra memoria. Para conseguirlo, LENGO guarda cuándo repasaste cada palabra por última vez y lo bien que la dominas. Teniendo en cuenta varios factores, la app crea un calendario con el momento ideal para repasar cada palabra. Así, las palabras se seleccionan automáticamente y se establece un orden de aprendizaje óptimo. Cuando abrimos una lección nueva o terminamos un ejercicio, las palabras recomendadas se seleccionan solas.
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