Siete idiomas a los 17 años

En este artículo te contamos la fascinante historia de una adolescente que se lanzó a aprender idiomas a una edad increíblemente temprana.
Sarina Schroff, que ahora tiene 17 años, es una adolescente suiza llena de vida que va al gimnasio con regularidad, disfruta pasando tiempo con su familia y sus amigos, adora cocinar platos riquísimos y dedica buena parte de su tiempo a su pasión (y ahora, también su talento): el arte de aprender idiomas.
Sigue leyendo para descubrir cómo dio con esta pasión y adónde la ha llevado.
¿Dónde está la inspiración?
¿Cuántas veces nos topamos con algo sin darnos cuenta enseguida de lo que significa para nosotros, hasta que se convierte justo en lo que estábamos buscando desde el principio?
Sarina se enganchó a algo que acabaría cambiándole la vida por completo. A raíz de su experiencia en el instituto y de su posterior inmersión en el mundo de la moda, descubrió un deseo que marcaría su vida: aprender idiomas de todo el mundo.
Por extraño que parezca, nunca se sabe dónde puede estar la inspiración. Para sir Isaac Newton fue una simple manzana, que le ayudó a desentrañar los misterios de las leyes del universo. Para Sarina, fue la moda.
¿Y qué pasó exactamente?
Hace cuatro años, cuando Sarina tenía 13, empezó a darse cuenta de que le fascinaban las distintas culturas y las tendencias de moda, y eso acabó alimentando su pasión por aprender idiomas. Además, su paso por la escuela cantonal (Kantonsschule) fue la inspiración que la llevó a decidirse por las clases bilingües y a interesarse por el francés, gracias al entusiasmo de su profesor.
Para ella, aprender idiomas era como explorar distintas culturas a través de la moda y de las lenguas que se hablan en cada una de ellas. Cuando en sus últimos años de colegio se añadieron nuevas asignaturas, como portugués, ruso y español, se sintió todavía más atraída por desarrollar esas destrezas lingüísticas. Por eso escribió su trabajo de fin de bachillerato (una tesina de unas 60 páginas) en todos los idiomas que ya sabe, y además aprendió italiano por su cuenta.
Lo más difícil siempre es empezar
El camino hacia el éxito nunca es fácil. De hecho, el comienzo de ese camino suele ser la parte más difícil, porque exige tener las riendas bien sujetas desde el primer momento. Sin esa determinación, es fácil venirse abajo ante cualquier dificultad en las primeras etapas.
El comienzo no solo es complicado: también puede sorprendernos. En cualquier momento pueden surgir cosas que quizá no esperabas y que te sacuden hasta lo más hondo. En esos momentos cruciales pasan dos cosas fundamentales:
- La vida te pone delante nuevas inseguridades.
- O te encuentras con inseguridades y fortalezas que ni sabías que tenías.
Sarina también se enfrentó a algo parecido cuando le surgieron nuevas inseguridades.

Mientras estudiaba, descubrió que hablaba bastante bien y con fluidez. Sin embargo, siempre se sentía insegura cuando hablaba un idioma extranjero delante de un hablante nativo.
Pero aquello acabó siendo un momento decisivo. Sabía que no debía sentirse así, de modo que se propuso superar sus inseguridades y siguió adelante en su camino para aprender más idiomas. Por eso hoy se la conoce como la chica que, con 17 años, habla siete idiomas.
Lo que planeamos y lo que pasa de verdad
Nuestro camino nos lleva adonde debemos estar, no adonde planeamos estar. Por eso a la mayoría nos espera un futuro que no habíamos previsto: la vida suele tomar el rumbo que le marca el destino.
Quizá soñabas con ser piloto de mayor y acabaste dedicándote al arte, tu verdadera vocación. Sarina, por su parte, no tenía pensado ser lingüista. Siempre había soñado con dedicarse al derecho.
Así, mientras aprendía sobre derecho, Sarina descubrió sin querer un camino completamente nuevo: el arte de aprender idiomas. Su forma de ver la vida empezó a cambiar.
Nadie dijo que fuera fácil
La vida nunca es un camino de rosas. Hay que trabajar duro para disfrutar, de vez en cuando, de unos pocos momentos de felicidad que no tienen precio, y el camino hacia el éxito está lleno de obstáculos y dificultades.
Y el camino se complica aún más cuando te pones manos a la obra para perseguir tus sueños, porque la vida tiene sus propias maneras de poner a prueba la entrega de cada cual a lo que persigue. Las dificultades se presentan de muchas formas y tamaños. Para algunas personas, el obstáculo es el dinero. Para otras, quizá la familia o la presión social. En el caso de Sarina, fue la gestión del tiempo.
A menudo, Sarina pasaba por etapas en las que no podía saciar su sed de aprender idiomas, porque tenía que atender muchas otras obligaciones que no tenían nada que ver.
Por ejemplo, mientras estudiaba italiano, tenía que compaginarlo con ir al gimnasio de tres a cinco días por semana, salir de fiesta con sus amigos, pasar tiempo con su familia, ir a clase y trabajar.

En un momento dado, a Sarina la asaltó la idea deprimente de que nunca llegaría a aprender italiano. Sin embargo, se dio cuenta de que la clave es la constancia.
Mientras no abandones aquello por lo que luchas, aunque solo le dediques cinco minutos al día (en el tren, por ejemplo), puedes seguir avanzando hacia tu objetivo.
¿Será hora de tirar la toalla?
Cuando perseguimos un objetivo, ¿cuántas veces nos decimos que ha llegado el momento de rendirnos? Todos pasamos por momentos de debilidad en los que solo pensamos en la posibilidad de dejarlo.
Son momentos en los que perdemos la batalla frente a los retos que nos pone la vida. Y, por desgracia, las oportunidades que dejamos escapar en esos momentos acaban siendo a veces de lo que más nos arrepentimos.
En un momento dado, aprender ruso le pareció a Sarina algo sin sentido, porque no encontraba ni una sola buena razón para estudiar ese idioma. Y mientras le daba vueltas a ese dilema, se vio desbordada por otros problemas y contratiempos que tenía que resolver al mismo tiempo.
Es comprensible tener momentos de debilidad en los que estás a punto de rendirte, y consolarte después pensando que la vida da segundas oportunidades. Ahora, Sarina está deseando darlo todo para aprender ruso, ya que antes no pudo hacerlo.
Nunca sabrás hasta dónde puedes llegar si no te exiges un poco más
Aunque nos digamos que algo está fuera de nuestro alcance, lo irónico es que nunca desarrollaremos todo nuestro potencial si no nos llevamos de verdad al límite. Puede que incluso veamos venir el punto en el que probablemente lo dejaremos. Pero, de hecho, esos planes de abandonar pueden convertirse en un nuevo comienzo.
Sarina nunca pensó que llegaría tan lejos en su aprendizaje de idiomas. De niña, este tipo de estudio se limitaba al colegio. En los años siguientes hubo momentos en los que se decía que ese era su único objetivo en la vida y que, tarde o temprano, el esfuerzo daría sus frutos. Y no se equivocaba.

Darse una palmadita en la espalda
Mientras que algunos necesitamos palabras de reconocimiento y ánimo, otros nacen con ambición y se motivan solos. Sarina pertenece al segundo grupo y tiene grandes metas por delante.
Como ella misma es su mejor fuente de motivación, cuando algo le despierta la curiosidad y enciende en ella la chispa de la pasión, siempre está dispuesta a hacer un esfuerzo extra para conseguirlo.
Además, Sarina es una perfeccionista que vive según el lema «o todo o nada». Eso la ayuda a mantener alto su incansable espíritu y a no perder nunca de vista los objetivos que se ha marcado.
Aprender idiomas para conocer otras culturas
Cuando aprendemos a hablar distintos idiomas, podemos comprender mejor las culturas a las que pertenecen. Y así cultivamos la empatía, la tolerancia y la aceptación hacia quienes no son como nosotros.
Aprender idiomas extranjeros nos ayuda a comunicarnos mejor y a ampliar nuestra visión de otras culturas, comunidades y etnias. Esa es una de las principales razones por las que Sarina se dedica con tanta pasión a aprender idiomas.
Sarina Schroff ha recorrido un largo camino desde que descubrió su amor por los idiomas. Está convencida de que, a medida que aprende a hablar y a entender idiomas de distintas partes del mundo, comprende mejor a la humanidad en su conjunto. Al fin y al cabo, estudiar idiomas ayuda a crear vínculos basados en la empatía, la compasión y la aceptación.
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